Última colmena. Última colmena. Última colmena.
Vino con sal gorda del Lord Pengallan y el Espermatozón Rodríguez.

domingo, 23 de diciembre de 2007

No nos hemos olvidado de las abejas.

Ocurre que ya no están ahí. Y la razón de su ausencia no la alcanzamos por más que tiramos de garfios o anzuelos. Tampoco se dejaban ver los condenados insectos aunque sabíamos que bailaban muy cerca de nosotros. Pues se las escuchaba de cuando en cuando.
Unas veces por evaporación onírica, otras por un soñar despiertos, siempre se nos escurrían de las manos yéndose a parir cigarras justo por donde se perfila la mirada de los dos artistas. Mucho antes de llegar al horizonte, mas o menos hasta la punta de nuestras narices.
Como no era cosa de seguir sintiéndolas a nuestro alrededor todo el rato sin verlas ni que fuera un instante o medio segundo, acabamos imaginando que a fuerza de volar y volar durante tantos años de persecución invisible alguna tendría que haberse estrellado contra una ventana o una cornisa. Yo las querría haber visto a todas debajo de un gran matasellos pero no encontré ninguna.
De nuevo, tuvo que ser el Lord Pengallan quien terminara por encontrarlas -"¡Maldito suertudo!"-. Cientos de miles, tal vez millones de cuerpecitos quitinosos dormían debajo de su cama. Enmohecidas, muertas y secas, allí estaban esos bichos bailones. Sorprendido ante la agradable noticia del hallazgo de mi amigo acepté su invitación para zapatear a los condenados monstruos zumbadores. Lastima que para cuando llegué a la cita de toda aquella montaña cuadrada de tumefactas criaturas ya solo quedara una. Un descomunal tazón de leche a medio terminar y la pequeña momia perfecta con forma de abeja. Sin embargo, no se trataba de una reliquia sino de un espécimen portentoso con trece cabezas y tres aguijones que ahora estudian en los laboratorios del Vaticano. ¿O era en la capilla de la CIA?
Es lo mismo. El caso es que, después de llevar una vida de desastres y mutilaciones ambientada con el mortal soniquete de la apis melifera de los cojones, cualquier actividad cotidiana nos resultaba insulsa. La vida se volvió insoportable para nosotros. Y mucho más la vida alrededor del telediario, cuya sintonía, aunque parezca mentira, jamás habíamos escuchado antes gracias a aquel añorado zumbido.
A pesar de armarnos con una zambomba y una botella de anís del mono no conseguimos olvidar a nuestras abejas. La realidad era demasiado poderosa y el 'raca-raca-raca' que sacábamos de la botella de anís no resultaba lo suficientemente estridente como para acallarla. Y por eso trajimos a las moscas.
Mucho más hechas al calor del hogar, las moscas son quizás menos organizadas pero bastante mejores que cualquier otro artrópodo para proporcionar compañía a los hombres. ¿O no?
¿Por qué debería preocuparnos la desaparición de las abejas? ¿Acaso no pueden realizar las moscas sus mismos trabajos?
"¡Uuumh, miel de moscardón! Igualmente nutritiva, 100% afrodisiaca y española."
De manera diferente, más materiales o prosaicos, algunos van a intentar detener este proceso genuinamente evolutivo por el cual, pasito a pasito, vamos a ir cambiando las abejas por moscones. Querrán enseñarnos cuentos tontos como ese tan viejo según el cual las abejas habrían nacido de un toro podrido. O nos vendrán con que la abeja acompañaba al arco iris, vete tú a saber. Porque estos científicos de las naturalezas ocultas pueden utilizar cualquier excusa impalpable de las suyas para evitar que los cambiemos por moscas. Nuestros futuros ángeles benefactores de la producción en masa de obreros superespecializados que Antonio (el Lord Pengallan) y yo (Ismael, el Espermatozón Rodríguez) hemos imaginado para un tebeo de próxima aparición titulado Última colmena. Claro que esperamos que pronto sea más que un tebeo y se puedan sustituir a las abejas por moscas. También, como no, a los mismos hombres por alguna otra cosa parecida a las moscas. Hombres-mosca, mosquihombres... ¡Lo mismo da, con que sepan montar una rueda será bastante! La cosa es salir rodando a escape de la Tierra.
Este es nuestro consejo:
Si ven una abeja merodeando mátenla, no pasará nada. No obstante, cuando sufran el acoso de uno de esos charlatanes socialistas que les hablen del rey Glauco, de la miel y la muerte, o de dioses que fueron alimentados por bichos sonrían impacientes hasta que la policía se dé la vuelta... ¡Y a la cuneta con él!
Recuerden, una Nueva Edad de Oro se nos viene encima y no pararemos hasta que no quede una sola abeja.Compra acciones de Última colmena antes de que sea demasiado tarde!"

El hombre y la mosca. José Ruibal.
Aracnec. Los artrópodos y el hombre. Antonio Melic.

5 comentarios:

Ismael dijo...

No, no he encontrado enlaces divertidos. Si alguien encuentra una imagen del formicoleón que avise.

Ismael dijo...

¡Con lo sencillos que pueden ser los superhéroes! Por ejemplo, ¿cuántas explicaciones sobre la piscina del Ra´s Al Ghul hemos sufrido ya?
¡Si bastaba con haber dicho que era miel! Robada a las amazonas o cualquier cosa parecida.

Bruce dijo...

creo que ahora se ve todo
¿pero por qué la columna lateral está allí abajo?

Ismael dijo...

¡¿Se ha caído?! Solo puedo ver bien el blog con el código puñetero ese.
Si miro en la plantilla aparecen abajo del todo unas imágenes (para ahorrarme el tener que guardarlas en otro lado) y una especie de marcador digital que robe hace dos días. Pero la barra lateral creo que está bien colocada.

Ismael dijo...

Señor Bruce que vas con él Blogger gracias por traer hasta nosotros tus ojos para reventarlos contra los bordillos de nuestro blog.
Voy a toquetearlo otra vez.

Última colmena. Última colmena. Última colmena. Última colmena.